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La leyenda de Sant Jordi by UPM

¿Habéis oído hablar de la leyenda de Sant Jordipatrón de Barcelona?.  Fue un caballero de armadura blanca que salvó a la princesa de la Villa de Montblanc, justo antes de ser devorada por un dragón. Cuenta la leyenda que Sant Jordi rescató a la princesa del temible dragón lanzándole su espada al corazón. A los pies de Sant Jordi murió la bestia y renació de la sangre un rosal. Y tras la lucha, Sant Jordi obsequió a la princesa con una de esas rosas.

Pero las leyendas son leyendas. De hecho Sant Jordi también es Jorge, o George, o Giorgios. San Jordi vivió en Inglaterra, Portugal, Bulgaria, Etiopía y Georgia.

Ilustración de Julian Lorenzo
Ilustración de Julian Lorenzo

 

Pero hemos oído algo…Se dice se comenta que no hace mucho, tuvo lugar en el estudio de Un Paso Más un enfrentamiento entre humanos y dragones.

No. No ocurrió en un escenario típico de cuento con miles de hectáreas de campo, ni en el torreón más alto de un castillo rodeado de espino. Tal como os decía aquí, en Barcelona en nuestro estudio.

Total. Abril, seis de la tarde en Barcelona. Pegaba un calor… que parecía junio. Mientras trabajábamos para traeros el “must have” en zapatos y tendencias se empezaron a escuchar unos gritos abrumadores.  Todas pensamos que era la barriga de alguna, ya llevábamos tres días sin comprar galletas de chocolate por la “operación bikini”. Pero eso no eran gritos desesperados por comer, eran gritos de pánico.

La primera que se percató de los gritos recogió sus cosas y comentó que tenía que ir a un sitio, había quedado con alguien, a una hora. Minutos después la víctima empezó a pedir auxilio. Los gritos variaban de volumen, de grave a agudo. Fue inevitable. Una de nosotras empezó a reír desconsoladamente.

¡Seriedad! Gritó la que parecía más valiente. De pie frente a las dos que quedábamos, sería y contundente, corrió a esconderse bajo una mesa cuando escuchó un alarido inundado de pavor y canguelo.

chicaupm

El plan era éste. Una fugitiva, otra muerta de la risa y la valiente de turno bajo una mesa. Solo quedaba una… la cotilla. ¿Sabéis aquellas personas que cuando vas a comer y os ponen a una pareja al lado, de repente se emociona porque se han dicho entre ellos que se quieren? Sí, lleva desde que os habéis sentado con la oreja pegada a conversación.

Bien, pues sus ansias de cotilleo le han permitido realizar cosas tan asombrosas como la que os voy a contar. Cogió aire y abrió la ventana de la terraza. Una suave, pero calurosa brisa, acarició su rostro y puso en movimiento su cabello.

Pensó en coger el cuchillo de plástico que tenemos en la oficina para cortar fruta… ¡Nah! Nunca hemos comido fruta. En fin, decidió ir a salvar a la pobre víctima de la temible bestia. Así que se subió a una silla y miró por encima del muro que nos separa del edificio contiguo. (De hecho la silla ya estaba puesta. Tenemos una residencia de jugadores de waterpolo pared con pared y alguna vez cuando el trabajo se hace duro les echamos un vistazo)

Y ahí, entre hojas caídas en el suelo y árboles sin podar vio a un morenazo. Sentado en el suelo, haciendo espavientos y con unos lagrimones de campeonato. Saltó el muro y casi se mata nos cuenta. Sinceramente ir a salvar a un waterpolista de 1,90 con los Zuecos de piso contraste… complicado. Total, puedo mantener el equilibrio tras saltar el muro y se dirigió hacia el hombretón pensando que si lo salvaba de la temible bestia al menos se llevaría una cena.

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Sigilosa, asustada y nerviosa por si se ganaba una cita con el sexy moreno avanzó hacia el chico. De repente escuchó un grito -¡Madre mía, es un dragón!-. Ahí ella  corrió a esconderse tras un rosal. Un dragón… qué haría ella frente a un dragón.. Agachada intentaba ver entre las rosas lo que estaba pasando, mientras el pobre muchacho lloraba preso del pánico. Hasta que lo vio. Nuestra chica UPM se puso en pie y pregunto en voz alta- ¿En serio?-.

Él la miró pidiéndole ayuda. Ella rebufando y negando con la cabeza se acercó al chico. Se sentó de cuclillas junto a él y  muy decepcionada lo miró. Observó lo que tenían en frente. Ella se sacó su Zuecos de piso contraste lo cogió y dio un golpe fuerte en el suelo.

Los lloros pararon y el dragón, el tímido y minúsculo dragón de 30 cm salió corriendo. Se colocó el Zueco de piso contraste y se levantó. Antes de irse él se puso en pie y la agarró de brazo.

-Déjame que te agradezca este gesto heroico. Puedo pasar a buscarte el viernes y nos vamos a cenar. Me has conquistado con tu valentía, personalidad y entereza. Quiero saber quién eres, necesito saberlo-

 Y así a nuestra chica UPM, valiente y segura, la pasaron a buscar al siguiente viernes. La recibieron con un ramo de rosas y un libro titulado “Érase una vez una antiprincesa”.

Sí sí, todo es tal cual pasó. Una vez más la mujer UPM luchadora e independiente salvando a príncipes de bestias y temibles dragones. Ahora te toca a ti. Conviértete en la heroína de tu propio cuento, cambia al dragón por un pingüino o cambia la lanza de Sant Jordi por un par de zapatos Un Paso Más.

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